Nuevo año y los mismos deseos

Se acercan las fiestas navideñas. Nos estamos adentrando en unas fechas que muchas personas aguardan con gran ilusión; son símbolo, entre muchas otras cosas, de reuniones ociosas con compañeros (cenas de empresa), de poder sentir cerca de nuevo a seres queridos que están lejos (reuniones familiares), e incluso de poder ver de nuevo a amig@s desplazad@s que retornan para compartir estos días en familia. Se trata sin duda de unas fechas especiales.

Y aún hay más. En estas fechas cambiamos de calendario. Cerramos una etapa, la del año que se va, y abrimos una nueva con el año que llega. Como no puede ser de otro modo, siempre ponemos nuestra esperanza en que el año nuevo será mejor y comenzamos a enumerar mentalmente todas esas cosas que deseamos hacer y que, esta vez sí, podremos tachar durante el 2.019. Podremos por fin sentir la euforia de repetirnos ese «He conseguido …». Sin embargo, en la mayor parte de ocasiones no pasamos de visualizar ese resultado, sentimos la miel del éxito en los labios vislumbrando ese éxito personal (o profesional), pero nada más.

Rápidamente, como por arte de magia, viene a nuestra mente un momento concreto en un día concreto; se trata del 31 de Diciembre de 2.017. Nos vemos, como si fuese hoy mismo, pensando sobre las mismas cosas que estamos pensando ahora mismo, y repitiéndonos con gran euforia «En 2.018 sí que sí». Esto nos genera cierta intranquilidad, y lejos de darle la atención que merece, dejamos que la gran euforia de este momento pase por encima de ella y la oculte de nuevo en lo más profundo de nuestra mente.

En este punto, tenemos una noticia mala y otra buena. La mala, es que lamentablemente el año 2.018 se ha ido y esas «buenas intenciones» se han quedado en eso. La buena, es que comienza 2.019 y tenemos la oportunidad de hacer bien lo que hemos hecho mal. ¿Pero qué es lo que hemos hecho mal?

Deseos, intenciones, y «buenas intenciones»…

Pues lo que hemos hecho mal es no comprometernos, al menos no de verdad. Hemos tenido un montón de «buenas intenciones», pero no «intención de verdad». Nos hemos quedado en la «buena intención» y no hemos generado compromiso. Es algo tan común que si nos detenemos y tratamos de verlo con perspectiva, nos rodea cada día.

Nuestra mente comienza a visualizar los resultados y nos da una pequeña porción de satisfacción, nos vemos realmente logrando llegar a ese punto y sentimos la euforia del ganador o ganadora. ¡Y esto es gratis! No hemos hecho nada, no nos ha supuesto esfuerzo alguno. Lo que en ocasiones funciona como un disparador motivacional, en otras se vuelve en nuestra contra. Somos perezosos por naturaleza, así que nuestra mente tacha, y a otra cosa. Pero lamentablemente, de este modo solo conseguiremos buenas sensaciones fugaces y un frente abierto más. Solo eso.

Ahora, tenemos la oportunidad de hacer que este 2.019 sea diferente en ese sentido. Tenemos la oportunidad de cerrar círculos que, siendo conscientes en mayor o menor medida, son frentes abiertos en nuestras vidas ocupando pequeñas porciones de nuestra mente y generando stress por desatendimiento. ¿Por dónde podemos comenzar para mejorar en este aspecto?

Desde mi humilde experiencia, te recomendaré tres pasos para iniciar un nuevo camino mucho más efectivo que el actual:

1/ Busca un tiempo para ti, necesitarás aislarte de tu entorno, concentrarte sin interrupciones. Coge una libreta o un folio, y un bolígrafo. Y ahora, a solas contigo mismo/a, piensa detenidamente en todos esos frentes abiertos en tu vida. Todos los «quiero» / «debo» / «me gustaría». Apúntalos todos, incluyendo tanto los que ya tengas en marcha de algún modo, como los que no hayas iniciado. Si dedicas el tiempo necesario a hacer esto, te darás cuenta de la enorme cantidad de frentes abiertos que hay en tu vida. Muchísimos, más de los que piensas.

2/ ¿Los tienes todos? Bien, pues ahora vamos a trabajar con esa inmensa lista. Lo primero que haremos, será dividirla en tres para poder trabajar con listas más manejables; pero no las dividiremos de cualquier forma, sino atendiendo a unas reglas para que las listas resultantes nos sean de utilidad. Dos de ellas serán listas a presente, y una de ellas a futuro. ¿Cómo dividimos? Pues primero crearemos las tres listas de destino y después, siguiendo un sencillo flujo, iremos viendo qué poner en cada una de ellas. Lo primero, las tres listas; una será una lista de acción (cosas para hacer, actuales), la segunda será una lista de resultados (lo que queremos conseguir, a corto plazo) y la tercera será nuestra lista de deseos a futuro. ¿Las tienes? ¡Perfecto! Ahora vamos a definir el flujo para ver qué llevamos a cada una de ellas. Tomaremos nuestra lista inicial, la que hemos llenado hasta arriba, y comenzaremos de principio a fin, de apunte en apunte y solo uno de cada vez, a desmenuzarlo y llegar a su esencia real, a lo que de verdad significa para nosotros, del siguiente modo:

  • ¿Qué es esto? ¿Qué significa para mi? Guarda tu respuesta y continúa.
  • ¿Quiero hacer algo al respecto ahora? Si tu respuesta es «No», tienes dos opciones: tacharlo y olvidarte de ello, o apuntarlo en la tercera de las listas que hemos creado, la de deseos a futuro. Toma la opción que consideres más adecuada. Sin embargo, si tu respuesta es «Sí», deberás hacerte una pregunta más: ¿Cual es el próximo paso, tangible, visible, que puedo dar ahora para cerrar este asunto? ¿Quizá una llamada de teléfono? ¿Comprar algo? ¿Hablar con alguien? Identifica este paso y apúntalo en la primera de las listas que hemos creado, la de acción.
  • Si en el punto anterior has hecho un apunte en tu lista de acción, piensa: ¿Con esa acción que has apuntado llegas al resultado que deseas? ¿O tendrás más cosas que hacer para darlo por concluído? Si con esa acción llegas a conseguir tu resultado, por el momento has terminado con este tema y puedes pasar al siguiente de la lista. ¿No has terminado? ¿Tendrás que hacer más cosas? Bien, entonces deberás apuntar este resultado al que deseas llegar en la segunda lista, la de resultados a corto plazo (para no olvidar este tema una vez hayas dado tu primer paso, ya que tendrás que seguir haciendo cosas al respecto), y ya estás en disposición para seguir avanzando.

3/ ¿Has terminado? ¡Bien! Has distribuido toda la lista inicial en tres listas, una de las cosas que puedes ir haciendo en tu día a día, otra de los resultados que quieres conseguir a corto plazo y otra de deseos a futuro. Ahora, deberás revisarlas con la regularidad oportuna, idealmente una vez por semana, para garantizar que todo ello vaya avanzando. Revisa sobre todo que todos tus resultados estén representados de algún modo en la lista de acción, para garantizar que vayan avanzando. Y por supuesto, no dudes en apuntar cada día todo aquello que vaya llamando tu atención, podrás ir añadiendo nuevo material a tus listas día a día.

Aunque no lo creas, a pequeños pasitos todo avanzará, y cuando te encuentres a las puertas de 2.020 y hagas de nuevo estas reflexiones, te sorprenderás de todos aquellos temas que has ido terminando durante el año, y de lo avanzados que puedan estar otros. El compromiso y la constancia son los motores que pueden ayudarte a materializar todos esos «Me gustaría…».

¡Ah, por cierto! Quizá sin darte cuenta, has aprendido (a grandes rasgos) un poco sobre algunos principios que rigen la compleja (según opiniones) metodología Getting Things Done (GTD®).

¿Te ha parecido complicado? Hay mucho más (esto es solamente un escueto resumen parcial), y si le das una oportunidad puede generar grandes cambios en el modo en que te relacionas con el mundo que te rodea. Si quieres aprender más sobre ella, puedes comenzar por aquí y por aquí.

La versión original de este artículo está aquí.

Blogger, empresario y podcaster.

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